Viendo a Dios en las cosas pequeñas

Viendo a Dios en las cosas pequeñas

Cuando hablas sobre Dios ¿qué imagen te viene a la mente? ¿Es un Dios del tipo señor de barba blanca, como en la pintura de Miguel Ángel, en un trono o estirando su mano hacia ti? ¿Es la imagen de un típico prado de ensueño? ¿o un color concreto? ¿o quizás un olor? ¿Te imaginas quizás a Dios representado en una pareja enamorada y unida?
El cómo nos imaginemos a nuestro Padre Celestial no es quizás tan importante como nuestra relación con Él y el reconocimiento del trabajo que realiza en nuestras vidas. Sin una relación personal, empezamos a sentir un vacío en nuestros corazones. Pero, ¿cómo empezamos siquiera a desarrollar una relación?

Percibe las Cosas Pequeñas
Dios casi nunca se revela ante nosotros de una manera obvia y fácil: no nos da una palmadita en la espalda ni escuchamos una voz estruendosa que capte nuestra atención tan a menudo como nos gustaría. Incluso nos da la sensación de que la manera que utiliza para comunicarse con nosotros confunde más que ayuda: es como seguir unas pistas un tanto complicadas. A veces tanta sutileza nos frustra; ¡qué sencilla sería la vida si Dios fuese más directo!
Pues la manera en la que Dios trabaja en nuestras vidas es a través de situaciones cotidianas y conversaciones con personas cercanas. Por ejemplo, podemos sentirnos arropados por Él cuando salimos de un edificio con aire acondicionado y sentimos el sol en nuestra piel. Quizás sintamos a Dios en la paz resultante al respirar una bocanada de aire profunda, o en un acto de gratitud repentino de un padre que no hayamos visto desde hace tiempo.

Es tu elección escuchar la voz de Dios
Pero sí hay veces que percibimos que Dios se implica de manera un poco más clara. Quizás te encuentres envuelto en una situación difícil en la escuela o en el trabajo. O quizás te encuentres en la situación de escoger frente a un problema la respuesta más sencilla o la más correcta, y decides finalmente seguir por el camino más elevado que requiere un poco de sacrificio. Quizás te encuentres enfrentado constantemente a dificultades, u “oportunidades para crecer”. Nos arrastramos hacia una situación que no deseamos, forzados y reluctantes al principio -para darnos cuenta más tarde que fue la mejor decisión que podríamos haber tomado – pues Dios tiende a revelarse ante nosotros “a posteriori”, una vez las dificultades han sido superadas.
La gente suele llamar a estas experiencias “coincidencias”, sin embargo, si hacemos el esfuerzo de reconocer la presencia de Dios detrás del momento, entonces habrá sido así. Dios está presente en todas partes, en todo momento. El Cheon Seong Gyeong nos dice que Dios lo impregna todo, al igual que el aire que nos rodea. El aire está ahí, pero la mayoría de las veces no lo sentimos. Si damos por alto el aire que circula a nuestro alrededor, ¿cómo pretendemos sentir a Dios? (CSG 1, 1.1) Sea la magia de una mariposa al pasar por nuestro lado o un compañero frustrado con nosotros, podemos asumir que Dios está guiándonos en nuestras vidas, ayudándonos a crecer.

Desarrolla una relación única
Una de las lecciones más valiosas que podemos aprender es que, como individuos únicos, nuestra relación con Dios también es única. Vemos y entendemos a Dios de maneras que nadie nunca antes en la historia hizo. Nos habla de distintas maneras, y nosotros escuchamos y respondemos de forma singular.
¿Te ríes con Dios? ¿Has pensado en incluir a Dios en tus bromas internas? De acuerdo con el Padre Moon, el fundador de la fé Unificacionista, Dios disfruta con una buena broma: “A Dios también le gustan las bromas. Le gusta el humor. ¿Quién crees que es el gran rey del humor? Es Dios. Tiene un buen sentido del humor porque lo conoce todo y es todopoderoso. ¿Quién es el gran rey que puede hacer que otros se mueran de la risa hasta tirarse por los suelos? Es Dios. Si, estoy diciendo que este gran rey es Dios (CSG 1, 4.1)”
Intentemos encontrar la manera de incluir a Dios en nuestras vidas. Deberíamos reconocer su participación en los pequeños momentos tanto como en los grandes acontecimientos, tanto en las cosas buenas como en las desafiantes. No es sólo querer agradecerle por podernos guiar, pero también anhelar poder comunicarnos con Él. Queremos tener una relación de mutua confianza y entendimiento. Deberíamos ser capaces de bromear y reír con Él. Si no podemos llegar a entender las razones de por qué nos pasa lo que nos pasa, deberíamos sentirnos confiados de al menos preguntarle por qué las cosas son así. Como en todas las relaciones: la comunicación es la clave. Deberíamos ser compañeros en la tarea de construir esta vida juntos.
¿Cuál es tu manera de percibir a Dios?

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