No hay nadie en este mundo como tú… y jamás lo habrá.

No hay nadie en este mundo como tú… y jamás lo habrá.

“Una flor no piensa en competir con la flor de al lado. Sólo florece”, Zen Shin

“Me gustaría ser tan rápido como él. Me gustaría tener su pelo. Me gustaría ser tan inteligente como él”. Todos nos comparamos a nosotros mismos con los demás en algún momento de nuestras vidas ¡incluso a diario! Compararnos con los demás es en realidad natural, y puede ser una buena forma de evaluarnos, e incluso de motivarnos a ser mejores. Cuando comparar nos ayuda a mejorar, puede ser algo bueno. No obstante, la comparación puede ser peligrosa cuando otras personas (y otros factores externos) deciden sobre nuestra autoestima y la dañan. Esto es una señal de alerta que indica que estamos perdiendo la perspectiva correcta.

Está bien apuntar más alto, inspirándonos en los logros de los demás. Pero no está bien poner a otros en un pedestal y sentirnos mal cada vez que nos comparamos, ya que los resultados pueden ser perjudiciales, incluso devastadores. La falta de autoestima es asociada a condiciones que amenazan la vida de muchas personas. Por ejemplo, el 86% de las mujeres con trastornos alimenticios (cuya tasa de mortalidad es más elevada que cualquier otro trastorno mental), reconocieron sufrir una gran falta de autoestima.

La palabra “comparación” no se lleva toda la culpa. La comparación con los demás es totalmente natural y saludable. La razón por la que nos puede meter en problemas es porque no somos capaces de vernos a nosotros mismos y los demás desde el punto de vista de Dios y reconocer nuestro valor único absoluto en toda la creación. ¡En toda la historia, jamas hubo, hay ni habrá nadie como tú!

Aquí hay algunas cosas a tener en cuenta para que nos pueden ayudar a empezar a comparar de manera correcta. Empieza por mirar hacia adentro antes de mirar hacia afuera. Te sorprenderá cuando te veas como Dios te ve:

Cuenta tus bendiciones

La vida no depende de lo que tenemos externamente, sino de lo que hacemos con lo que tenemos y lo agradecidos que estamos por ello. El hecho de que otras personas no lo muestren, no significa que no pasen etapas de angustia o dificultades de vez en cuando también. Podríamos querer lo que otros tienen, pero con frecuencia nos olvidamos que tenemos  bendiciones con las que otros sólo pueden soñar. ¿Has dado las gracias a Dios por todo lo que tienes hoy, o a la gente que te quiere por el hecho de estar vivo?

Tú eres tú

Sea como sea, no eres ni más ni menos que tú mismo. Comparar manzanas con naranjas es un sinsentido. Sería ilógico comparar tus cualidades con las de otra persona, porque todos somos creaciones individuales de Dios con rasgos y características únicas. El Principio Divino explica que no hay dos individuos exactamente iguales, no importa cuántas personas hayan nacido en la tierra. Piensa en esto: ¡El valor de la vida de cada persona es increíble por que es insustituible! Hay que agradecer a Dios por todo lo bueno que nos rodea.

El mundo es sorprendente

Al mirar más profundamente dentro de nosotros mismos, seremos capaces de ver el aspecto más profundo de los demás también. Cuando nos adentramos en esa batalla interior para ser mejor que él o ella, nos olvidamos de que Dios nos ama infinitamente y sin condiciones, porque somos hijos Suyos. Cuando nos medimos a nosotros mismos y a otras personas por su valor más profundo, independientemente del aspecto o de sus habilidades, ya no hay competición. Además es muy positivo abrirse a la posibilidad de unir fuerzas para lograr en conjunto más de lo que podríamos llegar a conseguir de manera individual.

Por ejemplo, piensa en alguien a quien admiras por alguna cualidad. Luego piensa en algún aspecto tuyo del cual te sientes orgulloso. La pregunta ahora es ¿podrías hacer equipo con esa persona para llevar adelante algún proyecto?¿O qué tal una gran amistad?

Se consciente de lo lejos que has llegado

Al final, lo que debemos hacer es compararnos con nuestro propio potencial. El tiempo que empleamos en compararnos de forma contraproducente con los demás, deberíamos invertirlo en conseguir nuestras metas y ver nuestros logros. Estamos constantemente cambiando y mejorando, así que realmente no tenemos excusa para no echar un vistazo a nuestro ser de vez en cuando, y apreciar lo lejos que hemos llegado.

Dios nos creó a todos y cada uno de nosotros. La vida es un regalo, y también lo son nuestras cualidades individuales.

Así que la próxima vez que te encuentres comparándote con ese otro estudiante o aquel atleta, tómate un momento para redirigir tus pensamientos y mirar hacia adentro. Hazte las preguntas correctas: ¿qué objetivos te gustaría establecer para el próximo año? ¿De qué forma has mejorado en los últimos cinco años? ¿Dónde te gustaría verte en un año a partir de ahora? ¿Cómo puedo hacer una  versión mejorada de sí mismo?

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